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MONÓLOGO: VOLVER DEL FIN DE SEMANA


VOLVER DEL FIN DE SEMANA

Hoy voy a hablar de algo que se hace mucho los Domingos por la tarde y es volver del fin de semana en el pueblo. Los que tenemos pueblo lo sabemos. Tenemos con él una relación amor-odio, amor porque es nuestro pueblo y nos gusta volver a él y ver a nuestra familia y amigos, enterarte de todos los cotilleos, aunque no conozcas a nadie y disfrutar un poco de la calma que hay ellos, en comparación con lo que te espera en la M-30 el lunes por la mañana. Y el odio es porque nos gusta eso que ofrecen los pueblos…Pero solo para un poquito…Un fin de semana, un puente se me apuras, porque cuando llevas en el pueblo más de tres días llega un momento en el que no sabes que hacer, porque te guste o no, tu casa ya no está allí, ni tus cosas, ni tan siquiera tu rutina está allí y llega un momento que empiezas a aburrirte nivel experto y quieres con todas tus ganas que llegue el domingo por la tarde para regresar al que se ha convertido en tu hogar y que no eres consciente de ello hasta que no te ocurren cosas como estas.
Bueno pues una vez pasado todo el fin de semana en el pueblo llega el momento de volver y primero te encontraras con las contradicciones de tu madre que no quiere que te vayas porque le ha sabido a poco el tiempo que has estado allí pero que a la vez a eso de las tres de la tarde empieza a decirte eso de: Vete ya que se te va a hacer de noche y vas a pillar atasco para entrar…Esta frase, la repetirá paulatinamente cada 5 minutos hasta que te vea salir con el coche del pueblo.

Otra cosa muy curiosa que pasa cuando te vas del pueblo un Domingo por la tarde es que se producirá algo así como el milagro de los panes y los peces…Me explico, no es que los pueblos sean milagrosos…Es que vas a volver con el maletero del coche lleno de tupperware de tu madre…Bueno tupperware, todo tipo de productos de la huerta que te han guardado pepinos, tomates, zanahorias, patatas, sandías, melones, etc…De todo lo imaginable, y una regla fundamental de todo esto es que tu madre nunca será consciente de que vives sola y comes fuera de casa por lo que echara tal cantidad de comida que habría para alimentar a una familia al completo durante 15 días y a ti te lo pone para “pasar” la semana ¡¡¡y se le hace poco!!!...Cosas de madre.
Después de esto, es decir, de llevar el coche como una furgoneta de esas que van vendiendo fruta y demás productos por la calle y antes de emprender tu camino hacia tu ciudad destino,  alguien en tu casa, preferiblemente tu madre, te recordara ochocientas veces: Cuando llegues llama…Esa frase será la última que oigas cuando el coche arranque, después, de cómo he dicho, que te la repitiera ochocientas veces. ¿A que no sabéis que es lo que se os va a olvidar hacer cuando lleguéis a vuestro destino?…Efectivamente, llamar por teléfono para decir que ya habéis llegado y os acordareis de hacerlo cuando mires el móvil y veas tropecientas llamadas perdidas de tu madre, con lo que te inventaras alguna excusa tonta para justificar el retraso en la llamada, del tipo: estaba descargando lo que me has echado, me entretuve hablando con una vecina, me dolía la cabeza y no me acorde…Todo para evitar la tan temida bronca telefónica, esa en la que tu madre gruñe y tu solo dice: si…si…tienes razón…En un tono de resignación, con tal de que a tus casi 30 años te deje de llenar la cabeza de voces por esas cosas.

El momento de la llamada al llegar a tu destino también es curioso incluso cuando no se retrasa ésta, incluso cuando nada más llegar llamas, porque entonces al hablar con tu madre por teléfono te dirá: ¡Uy! Pues no has tardado mucho en llegar te podías haber ido más tarde…Y tú pensando que no das crédito a lo que estás oyendo, si desde las tres de la tarde te está diciendo que te vayas ya, que se va a hacer de noche o vas a pillar atasco…Pero en fin lo dejas estar porque, como decía antes, por teléfono no se discute, te limitas a escuchar un monologo de reproches maternos.
Luego tú al llegar a tu casa en la ciudad, porque esa ya es tu casa, harás como tres viajes al garaje para sacar todo lo que te han metido en el maletero e intentaras jugar al “tetrix” y colocarlo todo en la mini cocina de tu piso. Porque otra de las cosas que en el pueblo no son consciente es que en las ciudades el espacio el limitado, más bien muy limitado y tendrás que hacer auténticos malabares para poder colocarlo todo en alguna parte. De esta forma la próxima vez que bajes al pueblo y te comiencen a echar cosas en el maletero del coche, como se te ocurra decir que de eso no te echen que tienes, te empezaran a decir que no comes nada y a recordarte las múltiples propiedades nutritivas que tiene eso que no te quieres llevar por que tienes 20 en la cocina y no te caben más. Si me aceptáis un consejo, lo mejor que podéis hacer es llevároslo sin protestar, porque entre otras cosas protestar no os va a servir de nada, y si conocéis algún vecino en vuestra ciudad aparecer con unos cuantos productos del pueblo y decidle que os habéis acordado de él y se lo habéis traído, de esta forma quedáis como una reina, tanto con tu madre como con tus vecinos, y solucionamos el problema del espacio en la cocina… ¡Perfecto! ¡Todo arreglado!

Una cosa hay que reconocer, digamos que eso de ir al pueblo para los que vivimos en una ciudad es como un rescate financiero a nuestra nevera y a nuestra economía, con un solo viaje ya no tienes que hacer la compra en un mes, el problema es que este tipo de rescates no los hace “La Merkel” sino que los hace tu madre y para estas cosas, las madres precisamente, no son lo que se dicen austeras en el gasto y si querías caldo, te vas a llevar…¡¡¡Tres tazas!!!...Eso sí congelado en un tupperware para que no se te vierta por el camino.

P.D.: Si te gusta la lectura puedes leernos también en: http://www.puntorojolibros.com/todas/Ironias-de-la-vida.htm

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